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Rev. Buenaventura Giménez López (Paraguai) – 17/04/2012

El primer día, llegamos e hicimos el típico “tour” para conocer el local, un cuartel militar. Nos asombro muchas cosas, y ya el primer día todos tiraban mala onda y deseaban volver a sus casas, a su “zona de comodidad”. Un calor de aquellos, pero nuestro Dios nos bendijo mandándonos lluvia y  nos regalo un fresco agradable, para la noche estaban todos prendidos para jugar y compartir,  ya se habían olvidado de las incomodidades y sacaron a relucir los aspectos positivos del campamento.

Para el día siguiente siguió la lluvia y el fresco, participamos de talleres de liderazgo y noviazgo, y luego una película a cerca de la sexualidad. Nunca se habían enfocado tanto a estos temas, realmente excelente.

La pregunta de la tarde era  – “¿Quieren jugar a pesar de que no se van a poder bañar?.” (Por cierto solo teníamos agua en las duchas por periodos de 3 horas) Todos eufóricos respondieron:  – “SI, CLARO QUE SI!” Todos participaron, jugaron, pasaron un tiempo buenísimo juntos.

El ultimo día. Nadie podía creer que tan rápido pasó el tiempo, no querían que termine el campamento; al comienzo solo ansiaban volver a sus casas pero ahora deseaban que el tiempo no pase más. 

Resalto también las palabras de los pastores, misioneras y de personas que nos visitaron, a pesar de todas las dificultades sus palabras fueron de aliento, mente positiva, que no basta solo con una oración de “Te acepto Jesús” sino que con nuestros hechos, y palabras demostramos ser verdaderos cristianos. Y con estas palabras logramos entender cuanto Dios nos ama, y que El también nos pone a prueba  para saber si realmente confiamos en El. Un ejemplo fue como lo hizo en este campamento, que aún sacándonos de nuestra zona de comodidad nuestra  adoración y alabanza para El se convertía  en una fiesta, le dábamos gracias por regalarnos un día mas de vida y por no permitir que nos falte nada. 

La verdad, este campamento fue de gran bendición no hay palabras para explicar lo que vivimos y sentimos allí solo puedo decir que tenemos un Dios tan increíble y maravilloso que nunca nos abandona.

Ana Giménez

 

 

 

 

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